5 de agosto de 2014

ATRAPADO...


Por fin había llegado a la cumbre, ese pequeño espacio desde el cual poder admirar el resto de montañas y de sentir los latidos de su corazón. Tan sólo le queda que iniciar el descenso...


Se recoloca el casco y las gafas, ajusta su mochila, se encaja los guantes, un trago de agua, la cala en el pedal, vistazo al recorrido de bajada. Los descensos suelen encerrar más peligros que las subidas; y este descenso es de los peores.

Los nervios afloran durante los primeros metros, sabe lo fácil que sería trazar de forma equivocada y caer hacia la oscuridad, pero también sabe que todo viaje y toda montaña nos deja su señal.

La piel arañada, la velocidad en el rostro, dedos y antebrazos agotados, músculos doloridos, el alma plena..


Sabe con absoluta certeza que una caída sería un billete al infierno, así que desciende guiado por el instinto y la velocidad, dedos en las palancas de freno, trazando sin perder la concentración, compensando con el cuerpo, cansado, asustado...

Después de un largo descenso y de mantener la vista fija en el sendero, de impregnarse de latidos de vida en cada centímetro de camino, levanta la mirada y se da cuenta de que sin saber como, había llegado de nuevo a la cumbre, a la cima de esa montaña desde la que poder admirar el resto de montañas... Tan sólo le queda que iniciar el descenso...


3 comentarios:

jordi bell dijo...

Atrapado en un descenso??
El sueño de mi vida!!!
;-)

Pep dijo...

Los dos jóvenes, por el contrario, no tenían la menor vergüenza, y daban gritos y chillidos tan fuertes y persistente que parecían estar siempre al borde del precipicio y solo necesitados de un empujón final para despeñarse.

La Señora Donaldson rejuvenece.
Alan Bennet
Anagrama


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Saluz

Pekas dijo...

JB... jejejeje.. ya te gustaría a tí.. ;-)

PEP...ne lo apunto.. ummm.. me ha despertado la curiosidad.. ;-)

Saludos desde las montañas.. !!!